CONVERSACIONES SOBRE PALESTINA

“No existe la nacionalidad israelí”
Noam Chomsky – Ilan Pappé

En nuestra mesa de trabajo se encuentra un libro con dos años de existencia. Contamos ese número de años porque fue publicado en primera edición por Haymarket Books en la ciudad de Chicago (año 2015) con el nombre de “Una Palestina”. Es éste el mismo texto que ha sido coeditado por LOM Ediciones (Chile) Txalaparta (España) Icono Editorial (Colombia) y Marea Editorial (Argentina). Poseen sus páginas un gran interés para cuantos siguen de cerca la historia de las relaciones internacionales en la zona de Palestina ocupada y que ente 1946-48 fuera víctima del monstruoso crimen de genocidio (que continúa en estos años) para posibilitar el surgimiento no, del Hogar Judío planteado por Lord Balfour al banquero hebreo Barón de Rotschild en 1917, sino como un Estado puro y duro al que se dio el nombre de Israel.

Esa patria fue parida por capitalistas y comunistas en la ONU donde se consiguieron el 29 de, noviembre de 1947, los 33 votos (sic) de apoyo. Extraño, todo muy extraño, no solo por el número tan especial sino por la oposición que durante mucho tiempo mantuvo el “mariscal” Stalin al engendro político, sionista para el cual terminó dando la orden de aprobarlo incluso facilitándole armas checoeslovacas novísimas destinadas a los grupos de sicarios hebreos y luego para su ejército estatal. Los árabes como protesta declararon una huelga general. Los delegados árabes en la ONU publicaron una declaración negando el derecho de la Asamblea a dividir de aquel modo un país, derecho que no le concedía la Carta de San Francisco y acusando que la votación fue realizada bajo la presión de las grandes potencias.

Los terroristas judíos y según decía la propia organización terrorista Haganah formaron patrullas produciéndose horrores sangrientos en los asaltos a las aldeas palestinas con multitud de víctimas. Mientras tanto el presidente de Estados Unidos, Harry Salomón Truman reconocía de facto al Estado hebreo y la URSS por boca de Molotov anunciaba al mundo el reconocimiento de jure (mayo 27 de 1948).

Pero volvamos a repasar rápidamente el volumen con el fin de extraer ejemplos de su posición. El texto que nos ocupa lleva hoy el título de “Conversaciones sobre Palestina” entre Noam Chomsky, judío norteamericano nacido en Filadelfia en 1928 ex sionista y figura de la lingüística actual e, Ilan Pappé, israelí nacido en Haifa en 1954 que si abandonó Israel por voluntad o a la fuerza no lo sabemos, pero está presente el hecho indudable que, dadas sus profundas diferencias con el sionismo, verdadera religión totalitaria del Estado que lo vio nacer y en el cual hace años no habita. El citado profesor es autor de diversas obras, una de las cuales “La Limpieza Étnica de Palestina”, fue motivo de nuestra seria atención cuando “Cabildo” todavía aparecía impresa en formato revista.

Corría por entonces el año 2017. La obra que estamos exponiendo hoy a nuestros camaradas, se compone de 237páginas y se divide en dos partes. La primera, desarrolla los diálogos de Noam Chomsky e Ilan Pappé. En la segunda sección del trabajo ambos, presentan artículos entre los cuales debemos citar especialmente: “El Tormento de Gaza, los Crímenes de Israel” de Noam Chomsky junto a otros también con denuncias de crímenes de lesa humanidad como el que se publica con el acápite: “Breve Historia del Genocidio Progresivo Perpetrado por Israel” el cual está firmado por Ilan Pappé.

Veamos pues la primera parte, deteniéndonos en la página 72. Allí se hace a los autores, esta pregunta: “Si los judíos son un pueblo ¿cuál es el problema que tengan un Estado? ¿Y por qué no deberíamos reconocer a Israel como Estado judío?” Responde en primer lugar Ilan Pappé con argumentos que transcribimos: “Creo que nadie que yo conozca, ha objetado jamás el derecho de un pueblo a redefinirse a sí mismo en cuanto a nacionalidad, etnia o cultura. No hay motivo de objeción desde la perspectiva del derecho o de la moral internacionales. Tampoco es cuestionable el momento histórico en el que se decide hacerlo; aunque este grupo en particular ya se ha definido en el pasado (en este caso, como un grupo religioso). El problema es otro. ¿Cuál es el precio a pagar por esta transformación y quién debe pagarlo? Si esta redefinición se produce a expensas de otros pueblos, se convierte en un problema. Si un grupo ha sido víctima de un crimen y está buscando un refugio seguro, no lo puede obtener expulsando a otro grupo del espacio que desea como refugio. Esta es la diferencia entre lo que se quiere como grupo y los medios que se utilizan para lograrlo. El problema no es el derecho de la población judía a tener un Estado propio o no, ese es un asunto interno en el que quizá los judíos ortodoxos podrían llegar a tener un problema. La población palestina no se opone a que la judía forme un estado en Uganda, como fue propuesto de 1902 a 1903. Ningún palestino en el mundo tendría interés alguno en un escenario semejante. Esa es la cuestión principal: ¿cómo se implementa el derecho a la autodeterminación?”

A continuación interviene Noam Chomsky diciendo: “La idea del Estado Judío es una anomalía (este subrayado pertenece a quien escribe esta nota). No es algo que haya ocurrido en alguna parte del mundo. La pregunta se basa en una suposición errónea. Tomemos el caso de Francia: transcurrió mucho tiempo para que llegara a convertirse en un Estado. Hubo gran violencia y represión. De hecho, la formación de un Estado es siempre un proceso de violencia extrema. Es por eso que Europa fue el lugar más violento del mundo durante siglos. Una vez que se establece un Estado, cualquier ciudadano es ciudadano del Estado. No importa quien sea, si es un ciudadano francés es francés. Si vive en Israel, y es un ciudadano israelí, es israelí, no es judío. Por ello, el concepto de Estado judío es una completa anomalía. No tiene análogo en el mundo moderno, por lo tanto, es obvio por qué no deberíamos aceptarlo. ¿Por qué aceptar esa anomalía única? Todo Estado, si nos fijamos en su historia, fue creado mediante violencia extrema, no hay otra forma de imponer una estructura uniforme a personas con distintos intereses, antecedentes, idiomas, etc. Entonces se hace por medio de la violencia. Pero una vez que ha sido creado, al menos en el sistema del Estado moderno, cualquiera que sea parte de un Estado es teóricamente un ciudadano igual a los demás. Por supuesto, puede no funcionar en la práctica, pero es así la teoría. En Israel es totalmente diferente. Hay una distinción entre ciudadanía y nacionalidad. No existe la nacionalidad israelí (subrayado nuestro). No se puede ser un ciudadano israelí. Esto llegó a ser tratado ante un tribunal en la década de 1960 y volvió a suceder recientemente. Un grupo de israelíes querían que sus documentos los identificaran como israelíes, no como judíos. La causa llegó hasta la Corte Suprema, que falló en su contra. Esto refleja lo anómalo, el concepto de un Estado judío, que no tiene equivalente en el sistema político internacional contemporáneo”.

Vuelve a hacer uso de la palabra Ilan Pappé: “Paradójicamente, esto es utilizado por Israel en un intento de sofocar cualquier crítica al Estado y a su ideología. Si se sancionara a Israel, es un ataque al Estado Judío y, por asociación, un ataque al judaísmo. Es un modelo de argumentación y defensa muy interesante. Esta prohibición no funcionaría en ningún otro caso. Tomando como ejemplo la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica, es como si en el apogeo de la lucha contra el Apartheid sólo hubiera estado permitido criticar algunas políticas de la sociedad africana pero no la naturaleza del régimen. Para Israel es un gran éxito haber logrado hasta el momento, inmunidad ante un momento de protesta semejante. Definieron los parámetros del juego: está permitido manifestarse en contra de las políticas de Israel, pero si se protesta en contra de Israel se protesta contra el Estado judío y, por lo tanto contra el judaísmo. Es por ello que es muy importante poner esto en el centro de la discusión”.

Noam Chomsky interviene nuevamente: “Es interesante como ahora son los dirigentes israelíes que lo están haciendo” (…) “Cuando Netanyahu dice: “Tienen que reconocernos como Estado judío”, está diciendo: “Tienen que reconocernos como algo que no existe en el mundo moderno”. «No existe tal cosa. Una vez más, si se es un ciudadano de Francia se es francés. Si se es un ciudadano de Israel no se es judío”.

El tema de la nacionalidad judeo-israelí es un verdadero dilema. La Suprema Corte israelí estudió el tema con motivo de un judío convertido al catolicismo que, siendo monje católico solicitó se aplicara en su beneficio la “ley del regreso”. La misma establece que toda persona de raza judía que ingresa en Israel tiene derecho automático a la ciudadanía israelí. Su petitorio fue rechazado por la Suprema Corte de Justicia israelí dictaminando que “un judío que se convierte a otra religión cesa de ser judío en el sentido nacional israelí de la palabra”. (Diario “La Nación”, Bs. As., Dic. de 1962). De acuerdo a lo que hemos transcripto anteriormente en esta misma nota, Chomsky y Pappé prueban que la problemática situación de la nacionalidad judía no ha cambiado a lo largo de los años y se mantiene con claros intereses anímico-raciales. Ante esto nos parece pertinente que finalmente se determine con claridad, en qué se radica la nacionalidad judía, porque pueden darse los siguientes supuestos:

A) que la nacionalidad la confiere la raza: en este caso todo judío nacido en regiones donde tiene vigencia el “Jus solis” gozaría de doble nacionalidad;

B) que la nacionalidad la confiere la religión: aquí estarían excluidos por ateos los judíos-comunistas y solamente son Israelíes los judíos. Esto nos vuelve a lo afirmado más arriba por Noam Chomsky e Ilan Papée: “Si se sancionara al Estado de Israel se ataca al judaísmo”.

Antes de proseguir en cercano capítulo, queda algo por leer para meditar. Nos estamos refiriendo a un párrafo del “Diario de un escritor”, obra debida a la pluma del místico de quienes buscan a CXRISTO: Fiódor Dostoievsky. Así escribió el Genial Ruso: “Puede que sea muy difícil penetrar en la clave de la vieja historia de un pueblo como los hebreos…; no sé. Pero sí sé, y muy bien, una cosa: que en el mundo todo no hay otro pueblo que tanto se lamente de su sino, que tan constantemente, a cada paso y a cada palabra, se esté quejando de su degradación, de sus dolores, de su martirio, como los hebreos. Cualquiera creería que no son los que dominan a Europa. Aunque solo lo hagan desde la Bolsa, el hecho es que gobiernan la política, los asuntos interiores, la moral de los Estados…”

Luis Alfredo Andregnette Capurro

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